HIS­TO­RIA DE NUES­TRA HERMANDAD

Sigu­iendo a D. Fer­nando Cruz Isidoro (His­to­ria de la Her­man­dad de Nue­stro Padre Jesús Nazareno de San­lú­car de Bar­rameda), a D. Juan Pedro Velázquez Gaztelu (Fun­da­ciones de todas las Igle­sias, Con­ven­tos y Ermi­tas de San­lú­car de Bar­rameda) y a D. Pedro Bar­badillo Del­gado (His­to­ria de la ciu­dad de San­lú­car de Bar­rameda) se puede indicar lo sigu­iente acerca de los orí­genes de la Her­man­dad del Nazareno de San­lú­car.
Des­gra­ci­ada­mente no es posi­ble abor­dar con total pre­cisión los orí­genes de la Her­man­dad del Nazareno habida cuenta la ausen­cia de fuentes fiables que legit­i­men tal pre­ten­sión.
La reit­er­ada pér­dida –las­ti­mosa­mente inten­cional– de las primeras pági­nas de los Libros de la Her­man­dad donde se hacía alusión a tan impor­tante extremo allá por el S. XVII así como el incen­dio acae­cido en los archivos munic­i­pales de la local­i­dad en el año 1933 ha supuesto que la ver­dad no sea a día de hoy cono­cida.
Y dec­i­mos esto por cuanto que resulta lam­en­ta­ble la actuación dolosa lle­vada a cabo por algunos con la inten­ción man­i­fi­esta de sus­traer las Reglas Fun­da­cionales de la Cofradía al elim­i­nar inten­cional­mente las pági­nas ini­ciales de las mis­mas (hablamos quizás y no con abso­luta seguri­dad del año 1609 aunque de las úni­cas Reglas que se tienen efec­tiva con­stan­cia son las del año 1656).

Aunque parezca increíble, el Libro de Reglas se «perdió» a los pocos años de su redac­ción y se tuvo que con­fec­cionar uno nuevo en 1686 que nue­va­mente «desa­pare­ció» en el año 1732. Sobre estas inci­den­cias con­sta el enojo de los Her­manos y la reit­er­ada inten­ción de alguien de querer ocul­tar a la His­to­ria los orí­genes de la Cofradía. (Sería muy enrique­ce­dor e intere­sante inda­gar en el Archivo Dioce­sano de Jerez o en el Arzo­bis­pado de Sevilla para inten­tar cono­cer qué per­sonas –civiles o ecle­siás­ti­cas– envidiosas o despechadas de la Her­man­dad real­iz­a­ban tales actos a lo largo de dis­tin­tos años y siem­pre con un mismo obje­tivo: hacer desa­pare­cer las primeras pági­nas del Libro de Reglas donde se doc­u­mentaba los orí­genes de la Cofradía).
Nótese la impor­tan­cia en esta mate­ria así como su trascen­den­cia pues –al igual que en época tar­do­me­di­aval– el May­or­domo de la Cofradía solic­itó y le fue con­ferida por el Vic­ario Gen­eral de aquel entonces la Carta de Exco­mu­nión a fin de infundir temor a los fieles y tratar de recu­perar los Libros de Reglas. No tuvo efecto tal extrema medida (el espíritu y sen­tido reli­gioso estaba más asen­tado en esas fechas que en nue­stros días) y se tuvo que con­fec­cionar uno nuevo en el año 1734.
No obstante lo ante­rior, y sigu­iendo un defec­tu­oso y erró­neo escrito mecanográ­fico de la Her­man­dad fechado a finales del año 1959 (Preám­bulo) se recoge de forma con­fusa y sin apor­tar sus fuentes la sigu­iente his­to­ria: Supues­ta­mente se funda en el año 1572 o quizás 1573 en un inmue­ble don­ado por el agricul­tor D. Bar­tolomé de Guisa, sito en calle Cristo de las Aguas (entre la Par­ro­quia de la “O”, el Castillo de San­ti­ago y la calle San Agustín), con­struyén­dose a con­tin­uación una ermita a la que lla­maron de San­ti­ago y San Bar­tolomé pasando pos­te­ri­or­mente (sin pre­cisar cuán­tos años) al Con­vento de San Agustín (actual Bodega Bar­badillo) situ­ado prác­ti­ca­mente al lado y en la calle Santiago.

Con los debidos respetos sosten­emos que esta his­to­ria no tiene base o fuente que la sus­tente pues hay que tener en cuenta que por aque­l­las fechas la Ermita de San­ti­ago ya estaba con­stru­ida y «no se iba a con­struir» así como que el citado Bar­tolomé de Guisa se encon­traba finado desde el año 1573 por lo que era imposi­ble que hubiera podido donar la propiedad rús­tica a la futura Her­man­dad. Es más, las propias reglas de la Her­man­dad del año 1674, refieren el lugar fun­da­cional direc­ta­mente en el Monas­te­rio de San­ti­ago adscrito a los mon­jes de San Agustín.
Sigu­iendo la obra del His­to­ri­ador D. Juan Pedro Velázquez Gaztelu “Fun­da­ciones de todas las Igle­sias, Con­ven­tos y Ermi­tas de San­lú­car de Bar­rameda” encon­tramos lo sigu­iente: La Comu­nidad Agustina apare­ció en San­lú­car en el año 1573 apoderán­dose por la fuerza de una Ermita propiedad de la Her­man­dad del Dulce Nom­bre de Jesús situ­ada en Calle Ancha esquina calle Las Cruces y edi­fi­cada en un solar don­ado por el agricul­tor D. Bar­tolomé de Guisa. Pos­te­ri­or­mente perdieron el pleito que for­mu­la­ron en su con­tra los legí­ti­mos propi­etar­ios y fueron echa­dos –lit­eral­mente– del lugar. Antes de regre­sar al con­vento de Chip­i­ona ento­nando de forma lúgubre el Salmo «In exitu Israel de Egipto» reci­bieron el apoyo de los Duques de Med­ina Sido­nia con­sistiendo éste en el cobijo en la Igle­sia de San­ti­ago y su hos­pi­tal anexo allá por el año 1574 (actual calle San­ti­ago).
Nor­mal­iza­dos en la nueva Igle­sia, bien se con­sti­tuyeron las Reglas que posi­bil­i­taría la creación de la futura Her­man­dad del Nazareno tenién­dose conocimiento efec­tivo de ello el día 15 de agosto de 1609 cuando par­tic­i­paron en una Pro­ce­sión de Nues­tra Señora de la Cari­dad o bien se lim­i­taron a reflotar una antigua cofradía sito en esa Igle­sia y de nom­bre Her­man­dad de San Bar­tolomé –exis­tente desde 1514– deriván­dose pos­te­ri­or­mente a la que cono­ce­mos hoy día.
Por ahora, y mien­tras no aparez­can fuentes más fiables, lo único que se puede adverar con con­tun­den­cia es que la comu­nidad Agustina tuvo mucho que ver en los orí­genes de la Her­man­dad, que quizás se fundó en 1574 pero no se tiene pres­en­cia doc­u­men­tal de ello hasta 1609. Todo lo demás son con­je­turas pese al esfuerzo real­izado en 1959 de mecanografiar y trascribir el Libro de Reglas de la Her­man­dad sin men­cionar en su Preám­bulo alguna fuente bib­li­ográ­fica que pudiera legit­i­mar sus orí­genes. Quizás la clave puede estar en el Archivo Histórico Dioce­sano de Jerez de la Fron­tera o como último recurso el Archivo Histórico Provin­cial o el Archivo del Arzo­bis­pado –ambos de Sevilla-​, Sec­ción Her­man­dades Penitenciales.

La Comu­nidad Agustina se pre­ocupó de ade­cen­tar y ampliar el lugar con el paso de los años gra­cias a la com­pra de solares anexos con los lega­dos obtenidos de bien hechores como por ejem­plo D. Pedro de Peñalosa (1605) o D. Bar­tolomé Guerra Calderón (1645) siendo así que se llegó a conc­re­tar la zona en toda la demar­cación exis­tente entre las calles Santiago-​Cristo de las Aguas-​San Agustín teniendo entrada por esta última.
Con pos­te­ri­or­i­dad los May­or­do­mos de la Cofradía se pre­ocu­paron de obtener en tan extenso lugar una demar­cación propia para la con­struc­ción de la capilla del Nazareno y un pequeño Campo Santo para los entier­ros de sus her­manos. Esto se con­siguió en el año 1647 cuando el Prior Agustino del Con­vento accedió a ello siendo así que desde el citado año la Her­man­dad gozó de lugar pro­pio para rendir culto y devo­ción a su ima­gen tit­u­lar abo­nando la con­traprestación del ter­reno y liq­uidando defin­i­ti­va­mente la deuda con el Con­vento en el año 1650.
Es de ref­er­en­cia destacar que el sábado 19 de abril de 1727 se desplomó la cubierta cen­tral de la Igle­sia Con­ven­tual (falsa bóveda de yeso y la techum­bre de madera) afectando indi­rec­ta­mente a la Her­man­dad pues, pese a no sufrir daños las imá­genes tit­u­lares, si que quedó afec­tada la estruc­tura de la Capilla del Nazareno.
En el año 1793 se pro­duce una escisión total entre Her­man­dad y Con­vento por cuanto que el May­or­domo D. Manuel Rodríguez Pérez tenía inten­ción de unir ésta con la Her­man­dad Sacra­men­tal de la Par­ro­quia de la «O» a lo cual se negó de forma tajante el Prior D. José de Jodán por enten­der que era de su propiedad y que se había fun­dado en el Con­vento dos sig­los antes (quizás tuviera mucho que ver la gran can­ti­dad de dona­ciones y vis­i­tas al Con­vento Augustino de numerosos fieles que rendían ven­eración a la Sagrada Ima­gen y las dádi­vas que solían dejar en los cepil­los). Tal ene­mis­tad llegó a un punto álgido con unos var­ales de plata de más de siete kilo­gramos de peso y que se dis­cutía la propiedad y el uso de los mis­mos don­a­dos años atrás por un fraile agustino y que habían sido traí­dos de las Américas.

La Her­man­dad obtuvo medi­ante Real Eje­cu­to­ria de 1794 la posi­bil­i­dad de salir del Con­vento para fusion­arse con la Sacra­men­tal de la Par­ro­quia de la «O» pero tal extremo no pudo acome­terse y tal sal­ida se pro­dujo de forma rad­i­cal­mente dis­tinta y con motivo de la Guerra con­tra el Francés –mal lla­mada Guerra de la Inde­pen­den­cia– pues en ver­ano de 1809 el nefasto Pepe Botella pub­licó el Decreto de supre­sión de todas las órdenes reli­giosas del país que sumado a la entrada de los france­ses en la local­i­dad en 1810 provocó que la Her­man­dad se refu­giase en el San­tu­ario de la Cari­dad y no en la Par­ro­quia de la «O» sin cono­cerse los motivos de este cam­bio de des­tino.
Aprox­i­mada­mente en 1814 y con el retorno del no menos nefasto y peor Rey que haya tenido nunca España, Fer­nando VII, se abolió toda la leg­is­lación francesa y por ende la Cofradía regresó al con­vento para nue­va­mente salir de él en el año 1821 como con­se­cuen­cia de la desamor­ti­zación ecle­siás­tica reca­bando de nuevo en el San­tu­ario de la Cari­dad.
En 1823 se dictó Decreto por el que se inval­id­aba las nor­mas de la desamor­ti­zación que afecta­ban al cierre del con­vento y la Her­man­dad retornó con los frailes hasta que, de forma defin­i­tiva, en el año 1835 y por un nuevo Decreto se con­sumó una nueva expropiación (la lla­mada desamor­ti­zación de Men­diz­a­bal) por la que se suprimía la exis­ten­cia de cualquier monas­te­rio o con­vento en el país (y por supuesto embargo de todos sus bienes para cubrir las necesi­dades mon­e­tarias del Estado).

El resul­tado de la con­vulsa his­to­ria del país en aque­l­las fechas motivó que, desde el año 1835, la Her­man­dad se alo­jase en el San­tu­ario de la Cari­dad, se esta­bi­lizara en ella, proyec­tara la con­struc­ción de retab­los y se ale­jara del con­vento agustino donde tuvo lugar su ori­gen y fun­dación.
Durante los años 193134 la Her­man­dad estuvo prác­ti­ca­mente par­al­izada por motivos obvios. Entre los años 195070 la Cofradía alcanzó gran pros­peri­dad con inclusión de gran número de her­manos y adquisi­ción de mul­ti­tud de enseres de gran riqueza orna­men­tal como insignias, faroles, man­tos, refor­mas de retab­los, susti­tu­ción de pasos, túni­cas y nuevos bor­da­dos para las imá­genes tit­u­lares, etc. En los años 1965 y 1989 tuvo como tem­plo res­i­dente la Par­ro­quia de la «O» debido a las refor­mas arqui­tec­tóni­cas que se tuvieron que acome­ter en el San­tu­ario de la Cari­dad.
El día 22 de junio de 2008 se cele­bró solemne Eucaristía en la Basílica Menor donde se hizo entrega de la dis­tin­ción de Alcalde Hon­o­rario Per­petuo de la ciu­dad de San­lú­car de Bar­rameda a la ima­gen de Nue­stro Padre Jesús Nazareno la cual fue con­ce­dida por el Excmo. Ayun­tamiento de la ciu­dad medi­ante acuerdo ple­nario del día 27 de Abril de 2007.
En estas fechas la Duquesa de Fer­nan­d­ina, Dª María del Pilar Leti­cia González de Gre­go­rio y Álvarez de Toledo, regaló a la Vir­gen de la Amar­gura un Rosario de Oro con el que hizo la Primera Comu­nión y que la Vir­gen ha lle­gado a por­tar en des­file pro­ce­sional. En el mes de junio de 2011 la Junta de Gob­ierno de la Her­man­dad del Nazareno acor­dará con­ced­erle el Título de Camar­era Mayor Hon­o­raria habida cuenta la vin­cu­lación de su familia con la Her­man­dad, las mues­tras con­stantes de apre­cio y car­iño así como el apoyo que de forma per­iódica suele realizar a la Cofradía.
En la actu­al­i­dad la Cofradía sigue pro­ce­sio­n­ando con todo el pres­ti­gio y orgullo de su pasado en la madru­gada del Viernes Santo pudién­dose ver­i­ficar cómo cada viernes del año se siguen acer­cando fieles de todos los pun­tos de la local­i­dad a rezar al Señor de Sanlúcar.

Car­los Blanco González